
Como mínimo podríamos decirle que es de mala leche. Lo peor es que pareciera ser la obra de alguna mente cínica y perversa que nada le importa el sentimiento de nadie.
Durante esta semana, caminando por el populoso barrio de Once, entre interminables apretujones de gente ocupando las calles, las veredas y los negocios, comprando regalos para las fiestas, chocándose unos con otros atiborrados de bolsas con mercadería, allí donde el consumo es realmente popular, allí la realidad se ocupaba a cada paso de desmentir el relato mediático. Relato que intentó por todos los medios recrear las condiciones para repetir un 2001. Los titulares parecían desesperados por tener un diciembre incendiario, cacerolero y destituyente. Pero paso a paso todo fue distinto.

Añoz luz de aquel corralito con el que asfixiaron el consumo, después de haber hecho todos los deberes con el FMI, de la mano de Cavallo y sus recetas neoliberales, herencia del menemismo y la dictadura.
Años luz de aquel nivel de desocupación, pobreza e indigencia, llegando hacia ese fin de año 2001 a niveles insoportables.

La crisis mundial mas aguda desde 1930, que dejó un tendal de recesión y desocupación en los países desarrollados, frenó el crecimiento y la disminución de la pobreza en nuestro país, pero se superó mejor que en aquellos lugares y mucho mejor que acá en otros tiempos.
El relato mediático pinta un país en llamas con el objetivo de forzar una situación de crisis para, en ese caso, poder volver a obtener ganancias extraordinarias. Recordemos que en todas las crisis, siempre ganan los grupos concentrados de la economía, entre los que se cuentan los conglomerados mediáticos.

En el Barrio de Once, decía, además del consumo, la mayoría de los negocios tenían el típico cartelito de demanda de empleo. Las fotos que ilustran el post son reales, tomadas de las veredas del barrio, contrarrestando a cada paso la insidiosa portada de Clarín
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